Todavía recuerda el día en que le dieron a elegir el instrumento que quería tocar. Estaban todos en fila: el violín, la guitarra, la flauta... "¿Y ese cómo se llama?", preguntó. "Violoncelo", le contestó su maestro de la orquesta infantil que se estaba formando en su barrio, la villa Vattione de Florencio Varela, en Buenos Aires. "Sí, ese me gusta", dijo con toda seguridad, aunque nunca antes lo había visto. "Lo elegí porque me llamó la atención, era diferente a los otros", cuenta hoy Mauricio Arraya, que ya tiene 12 años, una vasta experiencia en conciertos y el orgullo de pertenecer a la Orquesta y Coro Nacional Juvenil del Bicentenario, que hoy comenzará una gira por el NOA.
Mauricio, el benjamín del grupo, estuvo ensayando en San Javier durante una semana, junto a 95 compañeros de orquesta y a otros 60 del coro. Harán su debut en Santiago del Estero, hoy, a las 21, en el teatro 25 de Mayo, como parte de las actividades por el Bicentenario de la Revolución de Mayo, que organiza el Ministerio de Educación de la Nación.
Más allá de la alegría que le produce hacer lo que más le gusta en la vida -tocar música-, Mauricio está un poco malhumorado. Muestra su brazo sostenido con un pañuelo a causa de una tendinitis. "Me caí con el instrumento y también me doblé el tobillo. Estuve tres días aguantándome el dolor, hasta que no di más y tuve que avisar que me dolía. Entonces visité todos los hospitales de Tucumán", exageró con desagrado, aunque sin perder la simpatía que le dan esos pelitos parados con gel. "Ahora no puedo tocar, pero por lo menos no se me rompió el cello, que era lo único que me importaba", dice con seriedad. Cuando se le pregunta por la música vuelve a sonreír. "Mi papá está recontento. Está bueno, porque aprendés, te hacés de amigos y además es gratis", resume.
Alvaro Emanuel Gómez, de 18 años, es de Villa Amalia, y por ser tucumano tiene la ventaja de que su padre y sus primos van a poder verlo tocar el trombón bajo. "Mire lo que son las cosas: en mi casa siempre fuimos cuarteteros, pero ahora me está gustando la música clásica, aunque no soy fanático", confiesa, orgulloso, el papá de Alvaro, René Gómez, que fue a verlo ensayar junto a un montón de sobrinos.
La orquesta, que ayer ensayó en el teatro San Martín (el coro lo hizo en San Javier), incluye chicos de todo el país. Está Alina Traine, de 19 años, hija de una pareja de músicos. Ella toca el arpa y el piano desde los cinco años. Su mamá, Joelle Perdaens, es una de los profesoras que viajan con ellos. "Más allá del tema cultural y del Bicentenario, es muy lindo estar entre gente que toca bien", dijo con frescura. El mendocino Esteban Pérez, de 24 años, cuenta que a los 15 le saltó la chispa de la música y lo encendió por completo. Ahora su vida gira en torno de ella. Forma parte de la banda de rock Don Giovanni, todos sus amigos tocan y su carrera es la música. Y arriesga una definición: "en lo que más se diferencia un músico de otra persona es en lo que para vos significan los tiempos. La música es una búsqueda personal, que hace cada uno con su instrumento, sin tener en cuenta el tiempo que lleva llegar a donde uno quiere".